El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) notificó dos nuevos focos de enfermedad de Newcastle en Castilla y León, detectados en explotaciones de pollos de los municipios de Alcazarén (Valladolid) y Peleagonzalo (Zamora). Con estas nuevas confirmaciones, la comunidad autónoma acumula 17 brotes de la enfermedad durante 2026, consolidándose como el principal foco del país.
El primer caso corresponde a una granja de pollos de engorde ubicada en Alcazarén, en la comarca de Olmedo (Valladolid), próxima a otros seis focos detectados recientemente en la misma zona. El segundo se localiza en Peleagonzalo, en la comarca zamorana de Toro. Ninguna de las dos explotaciones estaba vacunada frente a la enfermedad. La granja de Alcazarén alberga aproximadamente 92.000 pollos y la sospecha fue comunicada el 8 de julio, luego de registrarse un incremento de la mortalidad equivalente al 0,58 % del plantel. En Peleagonzalo, donde se crían unos 72.530 pollos, la alerta se notificó un día después tras detectarse una mortalidad del 0,27 %. Las muestras fueron remitidas al Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete, laboratorio nacional de referencia, que confirmó mediante PCR la presencia de una cepa velogénica del virus, considerada la variante de mayor virulencia.
El primer caso corresponde a una granja de pollos de engorde ubicada en Alcazarén, en la comarca de Olmedo (Valladolid), próxima a otros seis focos detectados recientemente en la misma zona
Medidas sanitarias
Tras la confirmación de los focos, los Servicios Veterinarios Oficiales aplicaron las medidas previstas en el Reglamento Delegado (UE) 2020/687, que incluyen la inmovilización inmediata de las explotaciones, el vacío sanitario, el sacrificio de las aves afectadas y la destrucción de cadáveres, alimento y otros materiales que pudieran actuar como vehículos de transmisión del virus. Además, continúa la investigación epidemiológica para determinar el origen de los contagios y detectar posibles explotaciones en riesgo por movimientos de personas, vehículos o equipos. En torno a los nuevos focos se establecieron zonas de restricción de tres y diez kilómetros. En esas áreas existen 17 explotaciones comerciales con aves, aunque 15 de ellas ya se encontraban bajo restricciones debido a brotes anteriores.
Se establecieron zonas de restricción de tres y diez kilómetros. En esas áreas existen 17 explotaciones comerciales con aves, aunque 15 de ellas ya se encontraban bajo restricciones debido a brotes anteriores.
Vacunación obligatoria
Frente al avance de la enfermedad, la Junta de Castilla y León dispuso la vacunación obligatoria en todas las explotaciones avícolas comerciales de producción y reproducción ubicadas en las zonas de restricción, con un esquema mínimo de dos dosis. La medida se ampliará a todas las explotaciones de Valladolid y Segovia a partir del 1 de agosto de 2026, mientras que desde el 1 de septiembre será obligatoria en toda Castilla y León.
Sin vínculo con los brotes de Valencia
Los estudios de secuenciación parcial realizados por el Laboratorio Central de Veterinaria determinaron que la cepa detectada en Valladolid pertenece al genotipo VII.2, diferente del genotipo VII.1.1 identificado en los focos registrados meses atrás en la Comunidad Valenciana. Según el MAPA, esta diferencia genética permite descartar un vínculo epidemiológico entre ambos episodios sanitarios.
Un virus de fuerte impacto para la avicultura
La enfermedad de Newcastle es una infección viral altamente contagiosa que afecta a aves domésticas y silvestres. En sus formas más graves provoca trastornos respiratorios, digestivos y neurológicos, con elevada mortalidad y severas pérdidas económicas para la producción avícola. Las autoridades recuerdan que no representa un riesgo para el consumo de carne de pollo ni de huevos, y que los casos en humanos son muy poco frecuentes. Cuando ocurren, suelen limitarse a cuadros leves de conjuntivitis en personas que manipulan aves infectadas.
El MAPA recomendó reforzar la vigilancia sanitaria en las granjas y en las poblaciones de aves silvestres, extremar las medidas de bioseguridad para evitar el contacto entre ambos grupos y mantener programas de vacunación. Si bien la inmunización no impide completamente la infección, reduce la excreción del virus y disminuye significativamente el riesgo de propagación hacia otras explotaciones.
