De las 42 millones de hectáreas cultivadas en Argentina, solo el 5% del total (2,1 millones) se encuentran bajo riego. Sin embargo, el potencial de crecimiento es amplio y, según un documento de Congreso Aapresid en el que participa el especialista de la UNLPam Diego Rotili , se estima que el país podría cuadruplicar su superficie bajo esta tecnología.
La expansión se observa incluso en zonas no tradicionales y refleja un cambio de paradigma. En este contexto, el riego dejó de ser considerado únicamente como un "seguro" frente a la falta de agua y empezó a consolidarse como una pieza central para lograr sistemas más intensivos, estables y eficientes.
"Lo que sucede actualmente en Argentina es que se reconocen oportunidades de negocio nuevas y hay una comprensión de que el uso profesional de los sistemas de riego en la agricultura extensiva puede ofrecer muchísimas ventajas", explicó Rotili.
Por qué se riega más
Para el especialista, no hay una sola causa detrás del renovado interés por estas tecnologías. Entre los antecedentes, señaló el rol de los primeros adoptantes en zonas no tradicionales, como el sudoeste de Buenos Aires, donde se demostró que era posible ampliar el riego sin afectar la disponibilidad regional de agua.
Ese proceso también permitió explorar nuevas alternativas productivas, como la producción de semillas u hortalizas. A su vez, el factor económico tuvo un peso importante, primero por la disponibilidad de crédito y tarifas subsidiadas, y ahora por la aparición de un régimen especial con beneficios impositivos y contables para los sistemas de riego, como el RIMI.
"Las nuevas condiciones macroeconómicas permiten contemplar que las empresas agropecuarias necesitan intensificar su producción, aumentar su productividad y eficientizar el uso de insumos para ser rentables. Las decisiones de inversión se orientan hacia la incorporación de alternativas que cumplan con esas premisas y el riego es una de ellas", explicó Rotili.
Según el especialista, esa incorporación también permite que el riesgo empresario y productivo disminuya considerablemente. La clave está en que el agua, manejada de manera estratégica, permite estabilizar los rindes y planificar planteos con mayor previsibilidad.
Más productividad, pero con manejo fino
El efecto del riego no se limita a suplir la falta de precipitaciones, sino que para Rotili, su verdadero valor está en permitir un manejo más ofensivo de los cultivos. En este sentido aseguró: "Ofrecer agua en cantidad adecuada a los sistemas de producción y manejar de manera ofensiva los cultivos permite capturar altos márgenes de manera consistente".
Sin embargo, el investigador remarcó que, antes de avanzar, es necesario definir qué rol va a cumplir el riego dentro del sistema y qué objetivo productivo se busca alcanzar. Para eso, se deben evaluar la cantidad y calidad de agua disponible, los requerimientos del planteo y las condiciones climáticas.
"El principal error radica en no comprender a partir de qué indicadores tomar la decisión de regar o dejar de regar", advirtió Rotili. En ese punto, el monitoreo se vuelve central para evitar decisiones basadas sólo en la disponibilidad del equipo o en una lectura incompleta del ambiente.
Otro aspecto relevante es la radiación, ya que cuando el agua deja de ser una limitante, el desafío pasa por eficientizar la captura de energía. Por eso, decisiones como fecha de siembra, densidad, elección de genotipos, nutrición, protección y rotaciones pueden modificar el resultado final del sistema.
Los desafíos futuros
En el largo plazo, el especialista también marcó la capacidad de recarga de acuíferos, los posibles efectos sobre el suelo del agua con cierto nivel de salinidad y la necesidad de sostener la fertilidad química. Y agregó: "Otro desafío es sostener la fertilidad química del suelo, teniendo en cuenta que los sistemas agrícolas bajo riego generan una fuerte exportación de nutrientes en el grano a partir de su elevada productividad".
Para avanzar en ese camino, el monitoreo continuo de variables del suelo será determinante. Entre los indicadores mencionados se encuentran la conductividad eléctrica, el pH, el porcentaje de sodio intercambiable y los índices de nutrientes.
En cuanto al desempeño en los próximos años, Rotili aseguró: "Preveo una mayor difusión en términos de superficie y una mayor profesionalización que hagan ese trabajo más simplificado y ágil". El especialista también anticipó "una integración muy fuerte entre agricultura y ganadería o lechería", a partir de la estabilidad que el riego puede aportar a la producción de forraje en cantidad y calidad.
En ese escenario, la utilización de fuentes alternativas de energía, la telemetría y la generación de datos en tiempo real aparecen como innovaciones clave para transformar el manejo del agua en una herramienta cada vez más estratégica para el agro argentino. El desafío ya no será solo incorporar equipos, sino profesionalizar las decisiones para que cada milímetro aplicado responda a un objetivo productivo, económico y ambiental.
