La tecnología Vulcarus, fue presentada por BASF durante el V Congreso Argentino de Malezas, organizado por la Asociación Argentina de Ciencia de las Malezas (ASACIM). La solución también podrá emplearse en maní y busca ampliar las alternativas disponibles para el manejo inicial de los lotes.
El producto está formulado a base de trifludimoxazin, un principio activo perteneciente a una nueva familia de inhibidores de la enzima PPO. Su espectro incluye especies de complejo control, como Amaranthus, crucíferas, rama negra y Borreria verticillata.
Su utilización está prevista antes de la implantación y durante la preemergencia de las malezas. El objetivo es reducir la presión desde el comienzo del ciclo, cuando la competencia por agua, luz y nutrientes puede condicionar el establecimiento y el potencial productivo.
El consultor de Proyectos de Herbicidas de BASF, Mariano Soliman, señaló: "Llegar a la emergencia con el lote limpio es fundamental para que el cultivo exprese todo su potencial". Según explicó, la herramienta procura aportar persistencia y una alternativa adicional frente a especies cada vez más difíciles de manejar.
La compañía también indicó que Vulcarus puede combinarse con formulaciones a base de piroxasulfone. Esa estrategia permitiría incorporar gramíneas al espectro de acción y prolongar la residualidad del tratamiento, de acuerdo con las características y necesidades de cada lote.
El desafío de evitar nuevas resistencias
La aparición de la molécula se produjo en un escenario marcado por el avance de biotipos resistentes y la pérdida de eficacia de algunos tratamientos. Este proceso obliga a ajustar las decisiones desde el barbecho y a diversificar las prácticas para evitar una dependencia excesiva de un único modo de acción.
En ese sentido, la incorporación de otro principio activo amplía las opciones disponibles, pero no reemplaza la planificación agronómica. La rotación de herbicidas, el monitoreo, el respeto de las dosis y momentos de aplicación, junto con medidas culturales, continúan siendo necesarios para sostener la efectividad de las tecnologías.
La disponibilidad de nuevas soluciones puede fortalecer los programas de control en girasol y maní, especialmente durante las etapas de mayor sensibilidad. Sin embargo, su aporte dependerá de que sean integradas a esquemas que contemplen el historial del lote y combinen herramientas químicas y agronómicas, una condición clave para retrasar la evolución de resistencias.
