Las intensas lluvias habían puesto en duda la implantación de unas 100.000 hectáreas en el norte bonaerense, pero el ingreso de aire polar permitió recuperar los lotes y finalizar la siembra. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advierte que el cultivo arranca con muy buenas perspectivas, aunque el aumento de los costos sigue presionando la rentabilidad. La campaña triguera logró superar uno de los principales obstáculos de la presente temporada. Según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el intenso frío registrado durante los primeros días de julio permitió secar los lotes afectados por el exceso de humedad y completar la siembra en la región núcleo, alcanzando finalmente las 1,6 millones de hectáreas previstas.
Hasta hace apenas una semana, existía incertidumbre sobre el destino de unas 100.000 hectáreas ubicadas principalmente en el norte de la provincia de Buenos Aires, donde las lluvias habían impedido el ingreso de la maquinaria debido a la falta de piso. Sin embargo, las bajas temperaturas y el viento seco registrados a comienzos de esta semana cambiaron el panorama y posibilitaron concluir las labores.
El frío permitió cerrar la implantación
El informe señala que en el noreste bonaerense las precipitaciones habían obligado a postergar la siembra de variedades de ciclo intermedio. Una vez que los suelos perdieron humedad, los productores pudieron avanzar con la implantación de los ciclos cortos. Una situación similar se registró en la localidad de Piedritas, donde la siembra de materiales intermedios se retrasó alrededor de diez días y terminó realizándose prácticamente dentro de la ventana habitual para los ciclos cortos. Con este avance, la región núcleo dio por finalizada la implantación del cereal con 1,6 millones de hectáreas, una superficie que representa una caída del 12% respecto de la campaña anterior.
Con este avance, la región núcleo dio por finalizada la implantación del cereal con 1,6 millones de hectáreas, una superficie que representa una caída del 12% respecto de la campaña anterior.
Las heladas favorecen el desarrollo del cultivo
El ingreso de una intensa masa de aire polar durante los primeros días de julio provocó heladas generalizadas en gran parte de la región pampeana, con temperaturas mínimas que oscilaron entre -2 °C y -8 °C. Los registros más bajos se observaron en Idiazábal, con -8,2 °C, seguido por Junín, con -5,6 °C, y Rosario, con -5,3 °C. Lejos de representar un problema generalizado, desde la GEA destacan que las bajas temperaturas están teniendo un efecto mayormente positivo sobre el cultivo. En el centro-sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba, la adecuada humedad de los perfiles, combinada con el frío, favorece un muy buen desarrollo inicial del trigo. En María Susana, incluso esperan nuevas precipitaciones que permitan consolidar el potencial de rendimiento y repetir los excelentes resultados obtenidos durante la campaña pasada. En otras zonas también predominan las evaluaciones positivas. En Bigand, las heladas beneficiaron al cultivo, aunque en algunas variedades más sensibles provocaron un leve amarillamiento de hojas. Mientras tanto, en Baradero y Piedritas, las bajas temperaturas del suelo mantienen una emergencia más lenta de lo habitual, aunque sin generar preocupación entre los técnicos.
El clima acompaña, pero la rentabilidad sigue bajo presión
Más allá del buen comienzo de la campaña, el informe advierte que la mejora climática no alcanza para despejar las preocupaciones económicas de los productores. Los técnicos coinciden en que el incremento de los costos de producción continúa elevando los rindes de indiferencia, reduciendo los márgenes económicos del cultivo. Si bien el precio internacional de la urea mostró una baja en las últimas semanas, otros componentes de la estructura de costos mantienen una fuerte presión sobre la rentabilidad. Entre ellos sobresalen los arrendamientos, el combustible y los servicios de siembra, cosecha y transporte. En Piedritas, la fuerte competencia por los campos mantiene los alquileres en niveles históricamente elevados. Mientras hace apenas tres o cuatro campañas los mejores lotes se negociaban entre 14 y 15 quintales de soja por hectárea, actualmente los nuevos contratos se cierran entre 16 y 17 quintales, e incluso por encima de esos valores. En María Susana, los alquileres registraron incrementos cercanos al 10%, mientras que los costos de producción crecieron más del 30%, impulsados principalmente por el fuerte aumento del combustible y de los servicios agrícolas. Por su parte, en Bigand y Carlos Pellegrini, los arrendamientos muestran una mayor estabilidad, aunque los productores señalan que los fertilizantes y la semilla continúan siendo los insumos con mayor incidencia dentro del costo total de implantación.
Si bien el precio internacional de la urea mostró una baja en las últimas semanas, otros componentes de la estructura de costos mantienen una fuerte presión sobre la rentabilidad.
Pronóstico: una semana más estable
De cara a los próximos días, el consultor de la GEA, José Luis Aiello Elorriaga, anticipa un escenario meteorológico más favorable para la región. Tras el ingreso de la masa de aire polar que afectó desde el sur de la región pampeana hasta sectores del NEA, se espera una semana con temperaturas más moderadas, condiciones de estabilidad y lluvias aisladas de baja intensidad hacia mediados y finales de la semana. Con la siembra ya finalizada y perfiles de humedad mayormente favorables, el trigo inicia una etapa clave de su desarrollo con buenas perspectivas agronómicas. Sin embargo, el desafío para los productores seguirá siendo convertir ese potencial productivo en rentabilidad en un contexto donde los costos continúan creciendo por encima de varios de los principales indicadores económicos del sector.
