Arrancamos el segundo semestre del año con una certeza incómoda: el progreso global hacia las metas de la Agenda 2030 es alarmantemente bajo, y apenas el 18% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) está en vías de cumplirse. En paralelo, el Acuerdo de París (2015) exige descarbonizar la economía hacia 2050 para frenar el calentamiento global entre los 1,5 °C y 2 °C respecto de la era preindustrial.
De mantenerse el escenario político y corporativo actual, el planeta superará ampliamente ese umbral viable; un impacto que ya se traduce en eventos climáticos extremos que golpean de forma directa a los suelos y a las materias primas agroindustriales. En este contexto, medir y reducir la huella de carbono dejó de ser una opción corporativa para convertirse en un requisito de permanencia en los mercados internacionales.
El arroz bajo la lupa de las emisiones
El sector arrocero enfrenta un desafío muy particular en esta agenda global. A nivel mundial, el cultivo de arroz es responsable del 8% de las emisiones totales de metano, un gas de efecto invernadero que tiene un poder de calentamiento global 25 veces superior al dióxido de carbono. Este fenómeno se genera principalmente por la anaerobiosis (ausencia de oxígeno) en los campos inundados. Si a esto le sumamos el uso de fertilizantes nitrogenados y el consumo energético (los "puntos calientes" asociados al bombeo para el riego), la cadena del arroz se convierte en un foco prioritario para las demandas de sustentabilidad.
Mercados altamente exigentes, como el europeo, ya están marcando el rumbo. Casos como el del grupo Dacsa en España demuestran cómo las industrias arroceras del primer mundo asumen compromisos corporativos severos de reducción de emisiones, donde la huella de su cadena de abastecimiento pasa a estar bajo la lupa. Para la agroindustria argentina, entender este efecto cascada global es clave.
PACN: Herramientas nacionales frente a los "calculadores de escritorio"
Para dar respuesta a estas exigencias sin perder competitividad, nació hace casi siete años el Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN). Se trata de una iniciativa privada y sin fines de lucro impulsada por las principales Bolsas de Cereales y de Comercio del país (Chaco, Santa Fe, Rosario, Córdoba, Entre Ríos, Buenos Aires y Bahía Blanca), que cubre todas las regiones productivas de la Argentina.
El diferencial del PACN radica en su metodología. A diferencia de los calculadores internacionales genéricos, que no reflejan la realidad local y terminan arrojando valores de huella de carbono elevados que pueden excluir a un productor de un contrato, el programa modeliza las cadenas a partir de la realidad argentina. Alineado con los estándares internacionales ISO 14067 (huella de carbono por producto) e ISO 14040 (análisis de ciclo de vida), el PACN busca medir el impacto "de la cuna a la puerta" en la producción agrícola. No se publican promedios sectoriales ni se exponen datos individuales: el objetivo es construir la herramienta para que cada empresa obtenga su propia "foto" o línea de base.
Cómo funciona la Mesa de Arroz y qué beneficios ofrece al productor
El PACN ya cuenta con calculadores exitosos en funcionamiento para las cadenas de oleaginosas, maíz, sorgo, trigo, cebada, lácteos, porcinos y crucíferas, un ecosistema que nuclea a unos 120 miembros y al que ahora se suma el arroz. Este proceso de trabajo sectorial se extiende entre ocho y nueve meses mediante encuentros virtuales, y consiste en traducir los datos de actividad habituales del establecimiento, como el consumo de gasoil, la energía eléctrica, los fertilizantes, los insumos y los residuos, en dióxido de carbono equivalente.
Para lograr un motor de cálculo preciso y adaptado a la realidad local, las empresas participan bajo un estricto acuerdo de confidencialidad mediante dos modalidades bien definidas. Por un lado, los casos testigo facilitan datos cuali y cuantitativos reales para calibrar las fórmulas, mientras que las empresas revisoras testean el calculador en hueco para verificar que la herramienta se ajuste a su dinámica productiva sin necesidad de exponer sus registros iniciales.
De acuerdo con los lineamientos del programa, formar parte de esta mesa sectorial genera un doble beneficio. En primera instancia, otorga la capacidad de influir directamente en las decisiones del modelo, definiendo qué tipologías de manejo, metodologías de trabajo y subproductos específicos se incorporen a la plataforma. En segundo lugar, el proceso promueve una transferencia de capacidades hacia los equipos de trabajo, preparándolos para sostener y actualizar el cálculo de la huella, al tratarse de un indicador que debe iterarse en el tiempo. Asimismo, el solo hecho de participar otorga el derecho al uso del sello de membresía institucional, un activo de comunicación con reconocimiento nacional e internacional.
El verdadero valor del calculador aparece al vincularlo con el Manual de Buenas Prácticas Ambientales. Dado que la huella de carbono tiene como denominador el rendimiento obtenido por hectárea, la eficiencia en los procesos es la clave para bajar el indicador. En ese sentido, la herramienta tiene el potencial de evaluar el impacto de diferentes acciones de reducción antes de implementarlas: ¿Qué pasa si cambio a una energía fotovoltaica? ¿Cuánto altera el número si utilizo otro fertilizante o si optimizo la logística para evitar un flete vacío en el retorno?
Desde el programa sintetizan el espíritu de la iniciativa bajo una premisa clara: "Estamos buscando el mejor vehículo que nos deje demostrar el impacto positivo que tienen los sistemas productivos argentinos para obtener la nota más competitiva y eficiente".
Próximos pasos: Cómo sumarse
Para activar formalmente la Mesa de Arroz, el programa requiere una base mínima de entre 10 y 15 empresas participantes (la mesa porcina, por ejemplo, llegó a 37 miembros, diluyendo significativamente los costos). Al ser una iniciativa sin fines de lucro, los costos de coordinación y consultoría sectorial se financian colectivamente entre las empresas participantes, representando montos accesibles para cualquier estructura productiva.
Los productores, industrias y actores de la cadena interesados en formar parte del diseño de la herramienta ambiental del arroz argentino pueden coordinar su participación escribiendo al mail del programa: carbononeutro@bc.org.ar.
