El acuerdo que abrió una tregua en Medio Oriente empezó a mover las variables que el agro argentino mira de cerca, como energía, fletes, logística y fertilizantes. La señal más clara apareció en la urea, que en pocas semanas recortó fuerte desde los máximos, mientras el MAP continuó en valores elevados.
Durante más de tres meses, el conflicto en Medio Oriente generó tensión sobre los mercados globales. El estrecho de Ormuz fue uno de los puntos críticos, ya que por allí circularon en el primer semestre de 2025 unos 20,9 millones de barriles diarios de petróleo, cerca del 20% del consumo global de líquidos petroleros, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
La firma de un memorándum entre Estados Unidos e Irán y la reapertura prevista del paso marítimo redujeron parte de la prima de riesgo que venía afectando a los combustibles. En ese contexto, el Brent cayó a su nivel más bajo en tres meses tras el anuncio, aunque el proceso quedó sujeto a negociaciones posteriores y a la normalización efectiva de la navegación.
Para el agro, la menor tensión energética puede significar un alivio en los costos de transporte, producción industrial de insumos y expectativas de reposición. Sin embargo, la corrección no se realiza de manera automática, sino que puede tener demoras.
La urea corrigió fuerte y cambió el ánimo
El movimiento más visible se dio en la urea, que pasó de US$ 842 por tonelada el 30 de abril a US$ 438 el 18 de junio. La caída fue de casi 48% desde el pico de la serie y devolvió al mercado a niveles incluso inferiores a los de febrero.
En la Argentina, la urea CFR, luego de alcanzar US$ 815 por tonelada el 9 de abril, bajó a US$ 454 el 18 de junio. En poco más de dos meses, el recorte fue cercano al 44%, una señal clave para los productores que todavía deben definir compras de nitrógeno o estrategias de refertilización.
El ajuste también se observó en otros mercados relevantes como Brasil, donde pasó de US$ 768 a US$ 425 por tonelada entre el 9 de abril y el 18 de junio. Mientras que Oriente Medio bajó desde US$ 670 a US$ 286 en el mismo período, mostrando la magnitud de la descompresión en una región central para el abastecimiento global.
El MAP no aflojó y sostiene la incertidumbre
Sin embargo, mientras la urea corrigió, el MAP se mantuvo en máximos. En el mercado argentino, el valor CFR pasó de US$ 900 el 30 de abril a US$ 905 el 18 de junio, sin mostrar una baja relevante. Además, el MAP internacional FOB se ubicó en US$ 888 por tonelada el 18 de junio, prácticamente sin cambios frente al 4 y el 11 de junio.
En este contexto, aunque la urea permite pensar en una mejora para planteos con mayor demanda de nitrógeno, especialmente maíz, el costo del fósforo sigue siendo un freno para decisiones de arranque en la gruesa. En soja, maíz y girasol, una eventual corrección del MAP sería determinante para reactivar compras y mejorar la tecnología aplicada.
A la fina le queda poco margen
En trigo, con un avance de siembra cercano al 60%, gran parte de la estrategia de fertilización ya quedó definida antes de la baja más marcada de la urea. En este contexto, la Bolsa de Cereales proyectó para la campaña fina 2026/27 una superficie triguera de 6,5 millones de hectáreas y una producción de 21,3 millones de toneladas.
En el caso de los lotes implantados más tarde o en ciclos cortos, la baja del nitrógeno puede abrir oportunidades de ajuste. También podría pesar en decisiones de refertilización durante agosto, siempre que el perfil de humedad, el estado del cultivo y la relación insumo-producto acompañen.
Sin embargo, el verdadero cambio de escenario se traslada a la cosecha gruesa. Si julio confirma una tendencia bajista en urea y aparece una corrección en fosfatados, agosto podría convertirse en un mes de reactivación para la compra de insumos.
El nuevo escenario no cambia por completo la ecuación productiva, pero sí devuelve algo de previsibilidad a una campaña que venía marcada por señales externas muy volátiles. De ahora en adelante, la atención estará puesta en la velocidad con la que esa disminución llegue a los precios locales de los insumos y en la capacidad del productor para transformar ese alivio en decisiones de inversión, especialmente de cara a la gruesa.
