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Drones agrícolas: el costo por hectárea no alcanza para saber si el negocio es rentable

Desde la Fundación Benet, el contador Matías Méndez advierte que ese valor no alcanza para determinar la rentabilidad del negocio: hay que sumar inversión, escala, logística, tiempos improductivos, estructura, costo del capital y retorno esperado.

3 Sep 2026

El avance de los drones agrícolas como herramienta de aplicación empieza a generar cada vez más información sobre productividad y costos. Un trabajo realizado por las agencias de extensión Otamendi y Balcarce del INTA estimó en US$ 3,34 por hectárea el costo operativo de aplicaciones fitosanitarias con drones en cultivos de papa del sudeste bonaerense. El estudio se construyó sobre una base de más de 1.000 vuelos realizados durante tres campañas, utilizando como referencia un dron multirrotor de 40 a 50 litros, una inversión de aproximadamente US$ 25.000 y una utilización anual de 6.000 hectáreas. El dato aporta una referencia concreta sobre el desempeño de esta tecnología, pero desde la Fundación Benet plantean que no debería utilizarse directamente para establecer una tarifa comercial. "US$ 3,34 por hectárea es un costo operativo, no un costo económico integral, y mucho menos una tarifa comercial", explica el contador Matías Méndez, quien plantea la necesidad de incorporar otras variables para determinar si la actividad resulta realmente rentable.

"US$ 3,34 por hectárea es un costo operativo, no un costo económico integral, y mucho menos una tarifa comercial"

El costo operativo no es el costo del negocio

Según Méndez, el trabajo del INTA representa un excelente punto de partida, porque aporta información obtenida en condiciones reales de producción. Sin embargo, responde una pregunta diferente a la que debe hacerse un productor o contratista antes de invertir. "¿Qué hay que sumarle a esos US$ 3,34/ha para llegar al costo económico integral del servicio?", plantea el especialista. La respuesta comienza por la propia inversión. Los US$ 25.000 considerados como referencia para el dron no necesariamente representan todo el capital necesario para desarrollar una actividad profesional. Dependiendo de la estructura del prestador, pueden incorporarse vehículo, tráiler, equipos para preparación de mezclas, elementos de protección personal y otros recursos de apoyo. Además, explica Méndez, incluso cuando algunos de esos activos ya forman parte del patrimonio de la empresa, su utilización tiene un costo económico. Combustible, mantenimiento, seguros y depreciación son algunos de los componentes que deben incorporarse a la evaluación.

Dependiendo de la estructura del prestador, pueden incorporarse vehículo, tráiler, equipos para preparación de mezclas, elementos de protección personal y otros recursos de apoyo.

Las hectáreas trabajadas cambian la ecuación

Otro de los puntos centrales planteados por la Fundación Benet es la escala de utilización del equipo. Las 6.000 hectáreas anuales tomadas como referencia por el estudio del INTA tienen un peso determinante en el cálculo. Si el equipo trabaja menos superficie, los costos fijos deben distribuirse sobre una cantidad menor de hectáreas y, por lo tanto, el costo unitario aumenta. "Con menos superficie, el costo por hectárea sube", señala Méndez. Por eso, considera necesario incorporar un análisis de sensibilidad que permita evaluar diferentes niveles de utilización y observar qué ocurre con el costo cuando se trabajan 2.000, 3.000, 4.500, 6.000 u 8.000 hectáreas al año. La conclusión es que dos prestadores que utilizan el mismo modelo de dron pueden tener costos por hectárea muy diferentes, dependiendo de su escala y estructura.

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Traslados, clima y tiempos improductivos también cuestan

La cantidad de hectáreas efectivamente trabajadas tampoco depende exclusivamente de la capacidad técnica del equipo. En una operación comercial aparecen traslados, esperas climáticas, carga y descarga, preparación, cambios de baterías y otros tiempos improductivos que consumen recursos, pero no necesariamente se traducen en hectáreas facturadas. A eso pueden agregarse personal, cargas sociales, administración y otros costos de estructura. Para Méndez, esta diferencia resulta fundamental a la hora de pasar de un cálculo técnico a uno empresarial. No todas las horas de trabajo son horas productivas y no todas las hectáreas potenciales son hectáreas efectivamente facturables.

En una operación comercial aparecen traslados, esperas climáticas, carga y descarga, preparación, cambios de baterías y otros tiempos improductivos que consumen recursos, pero no necesariamente se traducen en hectáreas facturadas.

El capital tiene un costo aunque el dron esté en tierra

La evaluación económica incorpora además un componente que muchas veces queda fuera de los cálculos tradicionales: el costo de oportunidad del capital. "El dinero colocado en el dron, baterías, generador y vehículo queda inmovilizado en la actividad y tiene un costo de oportunidad", explica Méndez. El contador diferencia este concepto de la depreciación. Mientras la depreciación refleja el consumo y la pérdida de valor de los activos, el costo de oportunidad representa el rendimiento que ese capital podría generar si fuera destinado a otra alternativa. Por eso, una evaluación completa no debería limitarse a recuperar el dinero invertido. "¿Qué rentabilidad esperamos obtener por invertir ese capital y asumir el riesgo del negocio?", plantea el especialista. La pregunta es especialmente relevante para quienes analizan la compra de un equipo como una inversión empresarial y no simplemente como una herramienta productiva.

De US$ 3,34 a una tarifa sostenible

Desde la Fundación Benet proponen diferenciar tres conceptos que suelen confundirse al momento de calcular el precio de un servicio:

Costo operativo ? Costo económico integral ? Tarifa comercial.

El primer nivel permite conocer cuánto cuesta realizar efectivamente la operación. El segundo incorpora inversión total, logística, estructura, escala, tiempos improductivos, depreciación y costo del capital. Y recién después aparece la tarifa comercial, que debe incluir además riesgo y rentabilidad esperada. "Recuperar todos los costos no significa que la inversión sea rentable", advierte Méndez. Por eso, tomar los US$ 3,34/ha como una tarifa podría generar una distorsión: el valor podría alcanzar para cubrir determinados costos operativos bajo los supuestos del estudio, pero no necesariamente para recuperar la totalidad del capital, sostener la estructura y generar el retorno esperado por el empresario.

Una metodología para decidir si conviene invertir

La discusión sobre los costos fue también uno de los motivos que llevaron a la Fundación Benet y AgroFormar a desarrollar herramientas específicas de evaluación económica para drones agrícolas. El objetivo es que productores, contratistas y profesionales puedan construir su propio modelo de inversión, proyectar ingresos, determinar el punto de equilibrio y analizar la rentabilidad bajo distintos escenarios de escala. "La pregunta no es si el dron es caro o barato, sino si es económicamente conveniente para mi empresa, con mi estructura, mi inversión y las hectáreas que realmente puedo trabajar", sostiene Méndez. La diferencia no es menor. Un mismo equipo puede resultar rentable para un prestador que alcanza una determinada escala de trabajo y no serlo para otro que consigue utilizarlo durante una cantidad significativamente menor de horas.

"La pregunta no es si el dron es caro o barato, sino si es económicamente conveniente para mi empresa, con mi estructura, mi inversión y las hectáreas que realmente puedo trabajar"

El dato del INTA y la evaluación económica se complementan

Desde la Fundación Benet destacan el valor del trabajo realizado por el INTA porque permite contar con datos operativos obtenidos en condiciones reales de producción. Pero, según Méndez, esos datos deben ser incorporados a una evaluación más amplia que contemple inversión, estructura, logística, escala, capital, riesgo y rentabilidad. "Ambas miradas son necesarias", resume. Y la conclusión puede trasladarse mucho más allá de los drones. La misma metodología debería aplicarse antes de incorporar una pulverizadora autopropulsada, un avión agrícola, una cosechadora o cualquier otro activo productivo. Porque, como plantea la Fundación Benet, un dato técnicamente preciso no necesariamente alcanza para tomar una decisión de inversión. En el caso de los drones agrícolas, el desafío no pasa solamente por determinar cuánto cuesta aplicar una hectárea, sino por establecer cuánto debe generar la actividad para cubrir todos sus costos, recuperar el capital invertido y alcanzar una rentabilidad acorde con el riesgo asumido. Los US$ 3,34 por hectárea son, entonces, un punto de partida. La verdadera pregunta empresarial comienza después.

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