La campaña de maíz 2026/27 en el norte argentino comenzará bajo la atenta mirada de productores y técnicos. Mientras avanza la cosecha con niveles de daño superiores a los registrados el año pasado, especialistas advierten que la evolución de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), vector del achaparramiento por Spiroplasma, dependerá en gran medida de las condiciones climáticas del invierno y de las estrategias de manejo que se implementen en los próximos meses. El tema ocupará un lugar destacado en el Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro, que se desarrollará del 4 al 6 de agosto en Rosario, donde investigadores y asesores compartirán los avances y recomendaciones para enfrentar una de las principales amenazas del cultivo.
El invierno, un factor determinante
Uno de los aspectos clave será el comportamiento del clima durante el invierno. Según explicó Alejandro Vera, investigador de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), las bajas temperaturas juegan un papel decisivo para reducir las poblaciones del insecto. "Dependemos de las heladas de junio y julio, porque necesitamos que se 'resetee' la población", señaló el especialista, quien participará del Congreso junto a Beto Peralta para analizar las perspectivas de esta y otras plagas en maíces tardíos y de segunda. La chicharrita posee baja tolerancia al frío y durante el invierno busca refugio en cultivos que funcionan como "puente verde", permitiéndole sobrevivir hasta la siguiente campaña. Por ello, Vera recomienda esperar la evolución de las condiciones ambientales antes de recurrir al control químico. "El uso de insecticidas debe reservarse para cuando realmente sea necesario. Es una herramienta que debería utilizarse en última instancia si el clima no contribuye a reducir las poblaciones", sostuvo.
"Dependemos de las heladas de junio y julio, porque necesitamos que se 'resetee' la población"
El manejo regional, clave para reducir el riesgo
Laura Carabaca, asesora del CREA San Patricio y técnica regional, coincidió en que el éxito del control químico depende del nivel poblacional del insecto. "El control con insecticidas sólo tendrá éxito cuando las poblaciones sean bajas. Lo más importante es disminuir la cantidad de vectores disponibles y, si se decide aplicar productos, hacerlo de manera coordinada a nivel regional y no únicamente lote por lote", explicó. La especialista remarcó que el norte argentino presenta una realidad productiva muy distinta a la de la región núcleo, donde las decisiones de manejo deben adaptarse a variables como fechas de siembra, densidad y elección de híbridos.
No existe una solución única
Los especialistas coinciden en que la lucha contra Dalbulus maidis requiere una estrategia integral. "Es una suma de manejos. No hay que enfocarse en un único factor", afirmó Carabaca. Entre las principales herramientas figura el monitoreo permanente mediante la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, que utiliza trampas cromáticas distribuidas en distintas regiones del país para seguir la evolución de las poblaciones. Según Vera, estos datos, complementados con diagnósticos sobre el nivel de infectividad, permitirán ajustar las decisiones de manejo para cada campaña.
Fechas de siembra y materiales tolerantes
Otra recomendación central es respetar las ventanas de siembra. En el norte argentino, los especialistas insisten en concentrar las implantaciones entre el 1 y el 10 de enero para evitar que el período crítico del cultivo coincida con las temperaturas más elevadas. "Realizar maíces primaverales en el norte implica un riesgo muy alto porque el estrés térmico reduce significativamente el rendimiento", explicó Vera. Carabaca agregó que también es fundamental evitar siembras demasiado escalonadas, ya que la disponibilidad temprana de plantas favorece la alimentación y dispersión del insecto. A estas prácticas se suma la elección de híbridos con mayor tolerancia al complejo del achaparramiento y la eliminación de los denominados "maíces guachos", plantas voluntarias que actúan como reservorio del vector entre campañas.
"Realizar maíces primaverales en el norte implica un riesgo muy alto porque el estrés térmico reduce significativamente el rendimiento"
Un aprendizaje que continúa
La irrupción masiva de la chicharrita durante la campaña 2023/24 marcó un antes y un después para la producción de maíz en Argentina. Desde entonces, investigadores y productores avanzaron en la incorporación de materiales más tolerantes, estrategias de monitoreo y manejo integrado, aunque reconocen que aún queda mucho por aprender. "Se sigue generando conocimiento valioso y federal, lo que brinda tranquilidad al sector", destacó Vera, quien consideró que, gracias al aprendizaje acumulado y a las condiciones climáticas, hoy es menos probable que la plaga alcance nuevamente la magnitud observada hace dos campañas. Carabaca coincidió en que el proceso de adaptación recién comienza. "Todavía estamos aprendiendo a manejar el maíz bajo este nuevo escenario. Son apenas tres campañas de experiencia acumulada y sabemos que esto no se resuelve de un año para otro", señaló.
"Todavía estamos aprendiendo a manejar el maíz bajo este nuevo escenario. Son apenas tres campañas de experiencia acumulada y sabemos que esto no se resuelve de un año para otro"
Pese al desafío sanitario, ambos especialistas coinciden en que el maíz seguirá siendo un cultivo estratégico para el norte argentino. "El maíz continuará siendo fundamental porque aporta biomasa, cobertura y carbono al sistema productivo. Lo que cambia es que ahora debemos aprender a producirlo de la mejor manera posible frente a este nuevo escenario sanitario", concluyó la asesora.
