La escala que le permitió abastecer más del 30% de la demanda mundial comenzó a exponer un punto débil. De acuerdo al último informe de Rosgan, su gran producción necesita compradores capaces de absorber grandes volúmenes, por lo que cualquier alteración en los principales mercados puede repercutir sobre todo el comercio internacional.
Un año atrás, el sector brasileño quedó en medio de la disputa político-comercial impulsada por Donald Trump. El presidente estadounidense aplicó un arancel adicional del 50%, que elevó la carga total por encima del 76% y, en los hechos, provocó un cierre casi completo de ese destino.
Después de varias negociaciones, Washington retiró la medida a fines de noviembre de 2025 y permitió la reanudación de los negocios. Y en lo que va de este año, los envíos al país norteamericano alcanzaron unas 210.000 toneladas, con un crecimiento interanual del 24%.
China estuvo cerca de agotar el cupo
Sin embargo, el alivio coincidió con la medida impulsada a finales del año pasado cuando el gobierno chino estableció por tres años un sistema de cuotas de importación que ubicó a Brasil y Australia entre los proveedores más perjudicados. Para 2026, le asignó 1.106.000 toneladas, un 24% menos que las 1.458.439 toneladas ingresadas durante la campaña anterior.
A fines de julio, el Ministerio de Comercio del gigante asiático advirtió que ya se había utilizado el 80% del volumen disponible. Al ritmo de los últimos meses, el límite podría completarse en los próximos días y toda mercadería despachada por fuera de ese esquema quedaría alcanzada por un gravamen adicional del 55%.
Las primeras consecuencias ya se vieron reflejadas en las estadísticas, ya que los embarques hacia ese mercado descendieron de 158.400 toneladas en junio a 82.700 en julio, una contracción cercana al 50%. Pese a ese freno, el acumulado anual llegó a 856.703 toneladas y todavía se mantuvo 8,5% por encima del registro correspondiente a igual período de 2025.
Una alternativa sería almacenar el producto a bordo de los buques o en depósitos aduaneros hasta el comienzo del próximo ciclo comercial. No obstante, esa estrategia no impediría una interrupción de los flujos durante al menos tres meses.
La Unión Europea abrió otro frente
Casi en paralelo, el bloque europeo excluyó al país vecino de la lista de proveedores habilitados para operar bajo el acuerdo UE-Mercosur. La decisión se fundamentó en las deficiencias detectadas en los controles internos sobre el uso de productos antimicrobianos en la ganadería y tiene como fecha límite el próximo 3 de septiembre.
Las autoridades introdujeron modificaciones inmediatas en sus protocolos, pero la postura comunitaria se mantuvo firme. Como las exigencias relacionadas con la ausencia de promotores de crecimiento abarcan toda la vida del animal, incluso una aprobación rápida podría demorar hasta dos años la normalización de las operaciones por los propios tiempos biológicos de producción.
El liderazgo mostró su lado más frágil
Estados Unidos, China y la Unión Europea reciben en conjunto el 65% de las colocaciones externas brasileñas. La posibilidad de perder simultáneamente un ingreso pleno o fluido a esos destinos dejó en evidencia la vulnerabilidad de una estructura que depende de compradores de gran escala y relativa estabilidad.
En lo que va de 2026, el país comercializó 1.722.642 toneladas de carne fresca, un 10,2% más que durante el mismo lapso del año anterior, pero las estimaciones anticiparon un cierre negativo. La Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carne proyectó una merma potencial del 10%, Datagro calculó un retroceso del 4% y el USDA estimó una baja interanual del 2,4%.
El principal desafío dejó así de estar limitado a producir y colocar grandes cantidades. De esta manera, la incógnita pasó por conservar, al mismo tiempo, el acceso a los pocos destinos capaces de absorber ese saldo exportable sin generar desvíos que presionen sobre las cotizaciones internacionales.
