El mercado argentino de bioinsumos alcanza actualmente unos US$118 millones, pero su potencial de expansión todavía es considerable. Para los especialistas, la próxima etapa de crecimiento no dependerá solamente de que exista una mayor oferta de productos, sino de la capacidad de la industria para generar evidencia local, validar tecnologías a campo y demostrar resultados consistentes para los productores.
El tema fue analizado durante el Congreso Aapresid 2026, en el panel "Biológicos: una perspectiva global", donde participaron Ignacio Moyano, vicepresidente de Desarrollo de Negocios para Latinoamérica de DunhamTrimmer; el investigador Fabricio Cassán, del Instituto de Agrobiotecnología (INIAB-CONICET); y Solène Mira, coordinadora técnica de Aapresid. El encuentro fue moderado por el consultor Martín Torres Duggan. Según Moyano, Argentina todavía se encuentra por detrás de otros mercados latinoamericanos en materia de adopción de productos biológicos, aunque cuenta con condiciones para acelerar el proceso. "Uno de los principales consensos fue que las barreras ya no pasan únicamente por la disponibilidad de tecnología. El desafío es generar más información local, fortalecer el desarrollo y la validación a campo y construir una mayor confianza en los resultados", explicó. La convocatoria al panel reflejó, además, el creciente interés del sector. La sala estuvo colmada y los asistentes participaron con numerosas preguntas, una señal de que los bioinsumos dejaron de ocupar un espacio marginal dentro de la discusión tecnológica de la agricultura argentina. "El interés por los biológicos ya está instalado. El desafío ahora es seguir transformando ese interés en conocimiento, confianza y adopción", sostuvo Moyano.
"Uno de los principales consensos fue que las barreras ya no pasan únicamente por la disponibilidad de tecnología. El desafío es generar más información local, fortalecer el desarrollo y la validación a campo y construir una mayor confianza en los resultados
Un mercado de US$118 millones
Según datos de CASAFE, el mercado argentino de bioinsumos está valuado en aproximadamente US$118 millones, lo que representa un crecimiento del 10,9% respecto de 2023 y equivale a cerca del 4% del mercado convencional de productos para la protección de cultivos. Se trata, además, de un mercado altamente fragmentado, con una importante participación de empresas nacionales. Los inoculantes concentran la mayor porción, con el 39,7% del mercado, seguidos por los bioestimulantes foliares, que representan el 30,8%, y los bioestimulantes para tratamiento de semillas, con el 17,1%. Más atrás aparecen las feromonas, con el 8,7%; los bioinsecticidas, con el 2,9%; y los biofungicidas, que representan el 0,83%. La estructura del mercado muestra que la agricultura argentina todavía utiliza los insumos biológicos principalmente para inoculación y bioestimulación, mientras que las herramientas de control biológico de plagas y enfermedades comienzan a ganar espacio en determinados sistemas productivos.
Los inoculantes concentran la mayor porción, con el 39,7% del mercado, seguidos por los bioestimulantes foliares, que representan el 30,8%, y los bioestimulantes para tratamiento de semillas, con el 17,1%
La adopción todavía es selectiva
El perfil productivo argentino también condiciona la velocidad de adopción. Con aproximadamente 20 millones de hectáreas bajo sistemas de producción extensiva, fuertemente vinculados al cultivo de soja, el uso de tecnologías biológicas se concentra principalmente en el tratamiento de semillas. En este contexto, la eficiencia nutricional y el retorno económico aparecen como factores determinantes para que una tecnología sea incorporada a escala comercial. La presión sobre los márgenes de los productores también obliga a que los productos demuestren un beneficio concreto y medible. La validación técnica, por lo tanto, adquiere un peso cada vez mayor en la decisión de compra. Argentina cuenta, al mismo tiempo, con capacidades técnicas desarrolladas en el campo de la microbiología aplicada, aunque el marco regulatorio para estos productos continúa evolucionando y presenta diferencias respecto de otros países de la región, particularmente Brasil.
El biocontrol acelera, aunque todavía representa una porción menor
Dentro del mercado de bioinsumos, el biocontrol representa el 12,4%, mientras que inoculantes y bioestimulantes explican conjuntamente el 87,6%. La adopción del biocontrol está más extendida en actividades de mayor intensidad técnica, como la horticultura y la fruticultura, aunque los datos muestran un crecimiento en nuevas aplicaciones. Uno de los segmentos que más avanzó fue el de los biofungicidas, que durante 2024 registró un crecimiento del 98,3% en valor, según CASAFE. En contraste, los bioinsecticidas retrocedieron 31% durante ese año, un comportamiento que estuvo asociado, entre otros factores, a una menor presión de insectos y a una reducción de la superficie tratada. Si se considera el conjunto del biocontrol, el segmento registró una tasa de crecimiento anual promedio del 11% durante los últimos cinco años. Los números muestran que, aunque todavía representa una parte menor del negocio, el biocontrol está adquiriendo dinamismo y podría convertirse en uno de los segmentos con mayor potencial de expansión.
Del interés a la adopción
El desafío para la industria pasa ahora por transformar el interés creciente en decisiones concretas de manejo. Para los especialistas, eso requiere avanzar en ensayos a campo, generación de datos bajo condiciones locales, acompañamiento técnico y validación a escala de lote y establecimiento. La discusión ya no se centra únicamente en si existe una alternativa biológica para determinado problema, sino en demostrar cuándo funciona, bajo qué condiciones, cómo debe incorporarse al manejo y cuál es su retorno económico. En ese proceso, la evidencia generada en ambientes productivos argentinos será determinante. Las tecnologías deberán demostrar que pueden integrarse a los esquemas actuales de producción y ofrecer resultados consistentes frente a la variabilidad climática y agronómica. Argentina cuenta con una industria desarrollada, capacidades científicas y un mercado potencial significativo. El próximo desafío será convertir esas fortalezas en una mayor adopción efectiva de bioinsumos. La ecuación planteada durante Aapresid puede resumirse en tres pasos: generar conocimiento, construir confianza y transformar esa confianza en adopción.
Las tecnologías deberán demostrar que pueden integrarse a los esquemas actuales de producción y ofrecer resultados consistentes frente a la variabilidad climática y agronómica
