Hace apenas 25 años, Argentina y Brasil producían volúmenes de granos prácticamente similares. Sin embargo, la evolución de ambos países tomó caminos diferentes y la brecha se amplió de manera significativa: hoy Brasil produce 2,5 veces más granos que Argentina. Un análisis elaborado por CIPPEC pone el foco en las razones detrás de esa transformación y plantea que la experiencia brasileña puede ofrecer lecciones para el desarrollo agroindustrial argentino. Desde los años 2000, Brasil produjo alrededor de 1.550 millones de toneladas adicionales de granos respecto de Argentina, un volumen equivalente a unas 12 cosechas argentinas récord, con un valor estimado de US$ 475.000 millones. El documento sostiene que la diferencia no respondió a un único factor. Por el contrario, fue consecuencia de la acumulación durante décadas de inversión, tecnología, infraestructura, financiamiento y condiciones que favorecieron la producción.
Una diferencia que comenzó en el precio recibido por el productor
Uno de los puntos centrales del análisis está en los incentivos económicos que tuvieron los productores de ambos países. Según el informe, en Brasil los productores pudieron vender sus granos a valores cercanos a los precios internacionales, mientras que el Estado acompañó la expansión hacia nuevas zonas agrícolas mediante crédito, infraestructura e investigación tecnológica. En Argentina, en cambio, el documento señala que desde 2002, con los derechos de exportación y otras medidas, se generó un escenario que limitó el potencial de crecimiento de la actividad. A las retenciones se sumaron restricciones cambiarias y diferentes mecanismos para limitar las exportaciones. El resultado fue una diferencia importante en los ingresos del productor. Entre 2002 y 2025, siempre según el análisis, por cada tonelada comercializada el productor argentino recibió en promedio el 60% de lo percibido por un productor brasileño de soja, el 65% en maíz y el 72% en trigo. En soja, además, la facturación por hectárea del productor argentino representó apenas el 53% de la brasileña durante el período analizado.
Entre 2002 y 2025, siempre según el análisis, por cada tonelada comercializada el productor argentino recibió en promedio el 60% de lo percibido por un productor brasileño de soja, el 65% en maíz y el 72% en trigo.
Brasil convirtió una frontera ganadera en una nueva región agrícola
Uno de los grandes motores del crecimiento brasileño fue la expansión de la agricultura hacia el Centro-Oeste. El país contaba con extensas superficies destinadas a ganadería y pasturas, con valores de la tierra inferiores a los de las zonas agrícolas tradicionales. La incorporación de tecnología permitió transformar parte de esas superficies en áreas de agricultura de alta productividad. El cambio de escala fue notable: entre 2000 y 2024, el área cultivada del Centro-Oeste aumentó 292%, frente a un crecimiento del 59% para el conjunto de Brasil. Pero la expansión territorial no fue suficiente por sí sola. El desarrollo de nuevas áreas requirió tecnología adaptada a las condiciones del Cerrado, financiamiento y una infraestructura capaz de conectar la producción con los mercados.
Crédito, rutas y puertos: la infraestructura detrás del crecimiento
El Estado brasileño tuvo un papel importante en el financiamiento de la expansión agropecuaria. El país desarrolló un mercado de crédito rural de gran escala, que combinó financiamiento público, tasas subsidiadas e instrumentos privados. Entre ellos se destacó la Cédula de Producto Rural, que permitió utilizar producción, cultivos y otros activos agropecuarios como respaldo para acceder a financiamiento. Según el informe, durante los últimos 25 años el subsidio a las tasas representó en promedio unos US$ 3.000 millones anuales, equivalentes a aproximadamente US$ 53 por hectárea sembrada. Al mismo tiempo, Brasil avanzó en rutas, ferrocarriles, hidrovías, almacenamiento y puertos, infraestructura considerada clave para hacer rentable la producción en regiones ubicadas a cientos de kilómetros de los principales mercados.
Durante los últimos 25 años el subsidio a las tasas representó en promedio unos US$ 3.000 millones anuales, equivalentes a aproximadamente US$ 53 por hectárea sembrada.
La tecnología permitió producir donde antes era difícil
Otro de los pilares fue la investigación de largo plazo. Cuando producir soja y maíz en el Cerrado brasileño todavía presentaba grandes dificultades, organismos públicos y organizaciones de productores financiaron la adaptación de semillas, suelos y técnicas de manejo a las condiciones tropicales. Una vez que la actividad demostró ser rentable, el sector privado multiplicó las inversiones. Desde comienzos de los 2000, el uso de fertilizantes por hectárea prácticamente se duplicó, mientras que el gasto en agroquímicos se multiplicó casi por seis. El resultado fue que los rendimientos de soja y maíz brasileños, que anteriormente estaban por debajo de los argentinos, comenzaron a superar a los de Argentina en varias de las principales regiones productivas.
Soja y maíz: el salto productivo brasileño
Entre 1980 y 2025, Brasil multiplicó por 11 su producción de soja. De ese crecimiento, aproximadamente un tercio se explicó por mejoras en la productividad y los dos tercios restantes por la expansión del área. En maíz, la producción se multiplicó casi por 7. En este caso, el incremento de los rendimientos explicó aproximadamente dos tercios del crecimiento, mientras que la expansión de superficie representó el tercio restante. El análisis remarca que ninguno de estos factores hubiera sido suficiente por separado. La expansión brasileña fue consecuencia de la combinación de tierra disponible, tecnología, financiamiento e infraestructura durante un período prolongado.
El impacto fue mucho más allá del campo
El crecimiento agrícola también impulsó otras cadenas de la economía brasileña. La mayor disponibilidad de soja y maíz permitió expandir fuertemente la producción de proteína animal. Entre la década de 1980 y el período 2020-2024, Brasil multiplicó 8,3 veces la producción de carne aviar, 5,6 veces la porcina y 2,4 veces la bovina. El agro también ganó peso dentro de la economía. Entre 1995 y 2025, mientras el PIB brasileño aproximadamente se duplicó, el PIB del agronegocio se multiplicó por 3,3. Además, en dos de cada tres años el agronegocio creció por encima del conjunto de la economía.
Entre la década de 1980 y el período 2020-2024, Brasil multiplicó 8,3 veces la producción de carne aviar, 5,6 veces la porcina y 2,4 veces la bovina.
El agro también cambió el mapa poblacional
La transformación productiva brasileña tuvo además un fuerte impacto territorial. Entre 1992 y 2022, la población de las regiones agropecuarias analizadas aumentó 81%, frente a un crecimiento del 29% en el resto de Brasil. De los 15,8 millones de habitantes adicionales, unos 5,3 millones llegaron por migración. El crecimiento estuvo acompañado por la aparición y consolidación de ciudades vinculadas a la producción, la logística, el comercio y los servicios agroindustriales. Según el informe, 319 ciudades surgieron durante las décadas de 1990 y 2000, mientras que casi 400 municipios agropecuarios crecieron por encima del promedio nacional. La expansión también generó nuevas oportunidades educativas y profesionales, con un aumento de universidades, egresados y carreras vinculadas al agro en regiones como el Centro-Oeste y MATOPIBA.
¿Qué puede aprender Argentina?
El análisis plantea que Argentina todavía conserva buena parte de los activos necesarios para recuperar dinamismo: tierras productivas, conocimiento agropecuario, productores experimentados, empresas de tecnología y una extensa superficie con potencial para elevar la producción. La principal enseñanza de Brasil, según el documento, no pasa simplemente por producir más hectáreas, sino por generar las condiciones para sostener durante muchos años un proceso de inversión y aumento de productividad. Crédito, infraestructura, tecnología y reglas que permitan invertir son los cuatro elementos que, combinados y sostenidos en el tiempo, permitieron que la frontera agrícola brasileña se transformara también en nuevas cadenas productivas, exportaciones, ciudades, empleos y oportunidades profesionales. Para Argentina, la brecha actual con Brasil también puede ser interpretada como una medida de la oportunidad que todavía existe. El desafío, plantea el análisis, es recuperar un proceso sostenido de inversión y extender el dinamismo productivo desde las regiones agrícolas tradicionales hacia una franja más amplia del territorio, desde el norte argentino hasta la Norpatagonia. La experiencia brasileña muestra que una transformación agroindustrial de esta magnitud no ocurre de un año para otro: requiere continuidad, capital, infraestructura, tecnología y reglas estables durante décadas.
El desafío es recuperar un proceso sostenido de inversión y extender el dinamismo productivo desde las regiones agrícolas tradicionales hacia una franja más amplia del territorio, desde el norte argentino hasta la Norpatagonia.
