La Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) encendió las alarmas del mercado interno al radicar una denuncia formal ante los organismos de control por un masivo fraude en la comercialización de aceite de girasol. Según los análisis físico-químicos realizados por laboratorios de las empresas socias de la cámara, cerca del 10% del mercado, equivalente a 1 de cada 10 litros que consume el público, está rotulado como "aceite de girasol 100%" pero en realidad contiene mezclas de menor valor, envases adulterados e incluso componentes químicos peligrosos.
El fraude golpea directamente al corazón del consumo hogareño en un país donde la preferencia por el girasol es abrumadora: representa entre el 80% y el 85% de los 40 millones de litros que se consumen mensualmente en la Argentina.
Las alertas en la góndola
En diálogo exclusivo, Gustavo Idigoras, presidente de CIARA, explicó el origen de la investigación que derivó en las presentaciones ante el Instituto Nacional de Alimentos (INAL), el SENASA y la Agencia de Lealtad Comercial.
"Lo que motivó la denuncia es que, en el monitoreo de consumo de mercado que hacemos periódicamente, empezamos a detectar una participación creciente de productos diferentes que nos llamaban la atención por su tipo de presentación y marcas nuevas. Vemos que está creciendo de manera muy importante: hoy, sobre 40 millones de litros de consumo mensual, estas marcas se están llevando aproximadamente 4 millones de litros", detalló Idigoras.
Gustavo Idigoras, presidente de CIARA.
Frente a este escenario, la cámara procedió a tomar muestras directamente en las góndolas para someterlas a análisis. Los resultados confirmaron un esquema de engaño estructural que el directivo sintetiza en tres perjuicios graves para el consumidor. Por un lado, los envases presentan un volumen real muy inferior al que figura en la etiqueta (con faltantes de hasta -122 ml por botella), lo que representa entre un 15% y un 20% menos de producto por el que el cliente está pagando.
Asimismo, aunque se venden como "girasol puro", los testeos demostraron que están mezclados con otros aceites. La prueba científica es contundente: las muestras superan hasta 26 veces el máximo de ácido linolénico admitido por el Código Alimentario para el aceite de girasol. Y finalmente, en cuanto al riesgo sanitario, se detectaron etiquetas con la leyenda "0% grasas trans" que no se corresponden con la realidad, además de lotes con un persistente olor a solvente, un residuo químico que jamás debería estar presente en el producto final.
A pesar de la gravedad de los hallazgos y de haber identificado marcas específicas en la denuncia, desde la entidad fabril optaron por la prudencia pública para permitir el accionar fiscalizador. "Hicimos denuncias con marcas específicas, lo que pasa es que no les queremos dar publicidad porque las radicamos ante las autoridades para que sean ellos los que investiguen", aclaró el presidente, quien además deslizó que existen serias sospechas de que estas empresas no solo violan la legislación sanitaria, sino también la impositiva.
En busca del retiro masivo y la protección de la marca país
Respecto a los controles actuales, Idígoras señaló que el problema radica en que estos productos cuentan con registros oficiales vigentes otorgados por el SENASA y el INAL, pero lo que sale al mercado no coincide con lo aprobado en los papeles. Por este motivo, desde la cámara decidieron activar los mecanismos formales y ahora esperan que los organismos fiscalicen las plantas de origen para confirmar el fraude y tomar medidas en consecuencia.
La preocupación de la industria no es menor. Además del daño directo al bolsillo y la salud de los argentinos, está en juego la reputación de un sector clave para la economía nacional. Sin embargo, Idigoras diferenció los mercados: "En el mercado de exportación no vemos problemas, porque son las empresas exportadoras las que hacen esas transacciones bajo estrictos estándares internacionales. Pero sí nos preocupa el mercado interno, sobre todo la credibilidad para el consumidor argentino".
Hacia adelante, las expectativas de la cámara aceitera son firmes y apuntan a un reordenamiento del mercado físico. "Esperamos, primero, que haya un retiro masivo de productos fraudulentos de las góndolas. En segundo lugar, que haya sanciones contra esas empresas e investigaciones profundas desde el punto de vista de SENASA y el INAL, pero también de ARCA (ex AFIP), para brindar garantías de que los argentinos consuman únicamente marcas que cumplan con las condiciones básicas", concluyó Idigoras.
