La pérdida de resiliencia de los suelos agrícolas y las estrategias para recuperar su productividad fueron algunos de los temas centrales de la segunda jornada de la XXXIV edición del Congreso Aapresid con la fuerza de Expoagro, donde especialistas internacionales coincidieron en que todavía es posible revertir el deterioro, pero que el cambio debe comenzar de inmediato. En el panel "Nos estamos comiendo el fósforo de los suelos argentinos. ¿Hacia dónde vamos y cómo lo corregimos?", desarrollado en la Sala Bayer, el brasileño Leonardus Vergütz, Chief Scientific Officer de OCP Nutricrops, afirmó que "es posible revertir el daño de los suelos argentinos", aunque sostuvo que "el cambio es urgente y necesario".
Moderado por el especialista en fertilidad de suelos Fernando García, el encuentro analizó el impacto de décadas de extracción de nutrientes sin una reposición equivalente. "Argentina tiene suelos óptimos y fértiles, pero extrajo durante décadas más fósforo del que repuso y eso está disminuyendo la sustentabilidad de la agricultura, su productividad y el secuestro de carbono", señaló Vergütz. García recordó que, en los últimos 30 años, el país perdió alrededor de 4,5 millones de toneladas de fósforo, aunque destacó que en los últimos años la reposición alcanzó aproximadamente el 60%, lo que abre la posibilidad de comenzar a revertir el balance negativo.
"Gastamos la resiliencia de la agricultura argentina en general, especialmente frente al cambio climático"
Para Vergütz, el problema trasciende la nutrición de los cultivos. "Gastamos la resiliencia de la agricultura argentina en general, especialmente frente al cambio climático", advirtió. El especialista explicó que la disminución del fósforo también afecta la materia orgánica y la estructura del suelo, reduciendo su capacidad para sostener la producción frente a condiciones climáticas extremas. Como estrategia de recuperación, propuso aplicar las denominadas "4R" de la nutrición: utilizar el nutriente correcto, en la dosis adecuada, en el momento oportuno y mediante la forma de aplicación correcta. "Cuando las 4R se aplican de manera conjunta, no sólo se puede producir más, sino también ganar más, porque se fortalecen los cultivos y las pasturas, se reducen las pérdidas de nutrientes y se optimiza el uso de los recursos", sostuvo.
La salud del suelo como base de la resiliencia
En otro de los paneles destacados del Congreso, la directora científica del Soil Health Institute de Estados Unidos, Cristine Morgan, afirmó que "el buen manejo del suelo genera resiliencia agrícola" y destacó que mejorar la salud del suelo es una condición indispensable para construir sistemas productivos capaces de enfrentar la variabilidad climática. Durante su exposición, explicó que un suelo sano es aquel que funciona correctamente para cumplir su propósito, y recomendó prácticas como reducir la perturbación física, mantener raíces vivas la mayor cantidad de tiempo posible, proteger la superficie con cobertura vegetal, incorporar diversidad e integrar el pastoreo. Morgan también destacó la importancia de medir los resultados de esas prácticas y comunicar la información no sólo a los productores, sino también a toda la cadena agroalimentaria, los responsables de las políticas públicas y los inversores. Entre los indicadores más relevantes mencionó la concentración de carbono orgánico, la capacidad de retención de agua, el potencial de mineralización del carbono y la estabilidad de los agregados del suelo.
Finalmente, remarcó que cada ambiente expresa de manera diferente la salud del suelo, pero insistió en que el objetivo es común. "Cuando pienso en un suelo sano, pienso en resiliencia, porque nos proporciona un amortiguador frente al clima", concluyó la especialista estadounidense.
