Seminario Anual

ACSOJA 2026: El 60% de los lotes argentinos sufren por falta de fósforo

En la Bolsa de Comercio de Rosario, especialistas de FERTILIZAR AC expusieron el estado de riesgo de los suelos locales por la baja adopción de tecnología. En el mismo bloque, investigadores de la EEAOC encendieron las alarmas ante la expansión nacional del picudo negro de la vaina.

1 Jul 2026

La nutrición estratégica del cultivo y el manejo integrado de plagas se consolidaron como los ejes fundamentales para desarmar el estancamiento de los rendimientos en la soja argentina. Así lo indicaron especialistas de FERTILIZAR Asociación Civil y de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) durante el panel técnico "Nutrición y plagas en soja: estrategias de manejo que potencian rendimientos", desarrollado en el marco del Seminario ACSOJA 2026 en la Bolsa de Comercio de Rosario.

El partido de la nutrición: se pierden 880 kg/ha por falta de fósforo

Durante el bloque dedicado a la fertilidad, Roberto Rotondaro y Matías Saks (FERTILIZAR AC) expusieron con crudeza la realidad de los suelos argentinos. Actualmente, la oleaginosa arrastra una brecha promedio de 880 kilos por hectárea, lo que representa una pérdida del 28% respecto al potencial productivo en condiciones de secano.

"Lo que el suelo necesita no se negocia. El fósforo sigue siendo el nutriente que marca la diferencia para construir rendimiento y aprovechar el potencial del cultivo", enfatizó Rotondaro. Los disertantes explicaron que este mineral no solo empuja la productividad de forma directa, sino que condiciona la fijación biológica de nitrógeno: si el fósforo escasea, la planta pierde la capacidad de formar nódulos y capturar el recurso atmosférico.

El panorama es preocupante: el umbral crítico se ubica en las 14 ppm de fósforo disponible, y hoy el 60% de los lotes agrícolas del país se encuentran en niveles de insuficiencia. Argentina exhibe un balance de nutrientes marcadamente negativo, aplicando entre un 50% y un 60% menos de nitrógeno y fósforo, y un 35% menos de azufre en comparación con competidores directos como Brasil.

Como contrapartida, Saks remarcó los beneficios de revertir esta tendencia, destacando que una fertilización balanceada incrementa hasta un 37% la eficiencia en el uso del agua, permitiendo que el cultivo traduzca cada milímetro de lluvia en más grano y de mejor calidad comercial. Pese a estos argumentos, la adopción sigue siendo una materia pendiente: en la campaña 2025, apenas el 48% de la soja de primera y un 17% de la de segunda recibieron algún tipo de tratamiento con nutrientes.

El picudo negro de la vaina se nacionaliza

Por su parte, el investigador de la EEAOC, Matías Medrano, encendió las alarmas sanitarias al analizar la velocidad con la que el picudo negro de la vaina (Rhyssomatus subtilis) se está expandiendo desde su zona endémica en el NOA hacia el corazón de la región pampeana. Durante la última campaña, la plaga provocó severos daños en lotes de Córdoba y Santa Fe, con pérdidas de rendimiento que oscilaron entre el 10% y el 100%.

"El picudo negro dejó de ser un problema regional para transformarse en un desafío nacional", alertó Medrano, aunque aclaró que las nuevas zonas afectadas corren con la ventaja de poder capitalizar la experiencia y el camino ya transitado en las provincias del norte.

El gran desafío de este insecto radica en su ventana de ataque: cuenta con una sola generación anual pero los adultos emergen de forma escalonada a lo largo de 190 días, sincronizándose a la perfección con las etapas reproductivas de la soja. El momento crítico ocurre entre los estados R5 y R6, cuando las hembras perforan las vainas para depositar los huevos y las larvas devoran los granos en desarrollo.

Para mitigar su avance, el experto insistió en que el monitoreo oportuno, tanto de suelo antes de la siembra como mediante el paño vertical durante el ciclo, es la base de la defensa. El esquema de manejo integrado propuesto contempla la rotación con gramíneas no susceptibles para cortar el ciclo de reproducción del insecto, el tratamiento de semillas en lotes de riesgo y la desinfección estricta de cosechadoras y camiones para frenar la dispersión hacia regiones limpias.

El bloque técnico concluyó con un claro consenso: cerrar las brechas productivas de la soja argentina ya no depende de tecnologías complejas, sino de mejorar la fertilización y masificar de manera urgente las herramientas de procesos sustentables que la ciencia ya tiene validadas. 

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