URUGUAY

El INIA presentará su primer tambo robotizado

Llegará un día en el que las vacas destinadas a la producción láctea caminarán rumbo al tambo y atravesarán una serie de puertas inteligentes hasta llegar a la sala de ordeñe.

2 Ene 2018

 Lo harán a la hora que elijan y adentro no las estará esperando ningún humano aquejado por la falta de sueño que las termine empujando hasta las pezoneras, sino que encontrarán un espacio silencioso, nutrido de comida y controlado por un robot. Adelantándose al futuro, en marzo de 2018 comenzará a desarrollarse una experiencia de esas características en el establecimiento que el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) tiene en La Estanzuela.

El INIA invirtió cerca de 600.000 dólares para construir su primer tambo robotizado. "Son dos tambos en uno, en forma de espejo, porque queremos hacer comparaciones para generar información. Cada uno cuenta con sus respectivos corrales de espera y de salida de los animales, casillas de alimentación y sus robots ordeñadores", explicó el ingeniero Santiago Fariña, director del programa de Lechería del organismo. A partir de marzo, este tambo ordeñará a 120 vacas.

En Uruguay ya funcionan dos unidades robotizadas privadas, pero el objetivo del INIA, cuya actividad también es financiada por los productores, es "cubrir costos" de las experiencias de investigación, para que, posteriormente, puedan ser aplicadas.

La robotización de los tambos no traerá aparejada una reducción de los puestos de trabajo, como acontece en otras actividades, adelantó Fariña. "La relación entre el número de vacas y el de personas en estos tambos es igual a la de los convencionales. No se reduce la cantidad de gente, sino que permite trabajar en otros horarios y se jerarquiza la actividad. En Nueva Zelanda o en Europa, donde ya existen estos tambos, la relación es de una persona cada 70 o 100 vacas".

La llegada de los robots a la lechería cortará con los madrugones que los trabajadores hacen en cada jornada. "El sistema voluntario robotizado es una respuesta para mejorar las condiciones de trabajo y de vida para la gente que trabaja en los tambos. Se apunta a que las personas tengan tiempo libre y puedan tener horarios de trabajo similares a los de la ciudad. Se trata de salir de esa necesidad de levantarse todos los días a las dos o tres de la mañana y de estar hasta tarde trabajando en el tambo. El eslogan de este proyecto es trabajar de 8.00 a 17.00", resaltó el ingeniero.

Bajo el modelo robotizado, "las personas, cuando llegan a las ocho de la mañana al tambo, se encuentran en la computadora con los datos de las vacas que fueron ordeñadas el día anterior y con la cantidad de veces que comió cada una de ellas". Además, habrá otras tareas que serán de competencia humana: "Las personas tienen que limpiar las planchadas, darles de comer a las vacas e ir a buscar a aquellas que no quisieron ir a la sala de ordeñe". "El sistema de robotización no es a prueba de balas; hay que seguir trabajando en el tambo", aclaró.

En tanto, el robot ordeñador estará a disposición del establecimiento las 24 horas del día, a la espera de la llegada de los animales. Las vacas "están más tranquilas en este sistema" y una parte importante del trabajo que realizarán los humanos "pasará por entender el comportamiento de los animales". "Lo interesante es que todo pasa por el comportamiento. Las vacas están tranquilas porque nadie las apura, se mueven a su ritmo. El rol de las personas pasará por interpretar su comportamiento, en saber por qué fueron o no durante la noche anterior a la sala de ordeñe".

Sin estrés

"Las vacas serán ordeñadas cuando ellas quieran", dijo Fariña. Los animales, con sus respectivos collares identificatorios, irán al tambo y a la sala de ordeñe dos o tres veces por día, y en el horario que ellas prefieran hacerlo. "El incentivo" que tendrán para ser ordeñadas será el alimento que recibirán a medida que traspasen una serie de puertas inteligentes, hasta que lleguen, finalmente, a las pezoneras. "El tambo tiene que dividirse en tres campos independientes. ¿Por qué? Porque el incentivo es el alimento, entonces yo tengo que fraccionarlo tantas veces pueda durante el día para que la vaca se quede sin alimento y se deba mover hacia el otro sector" donde pueda encontrarlo. "Entonces lo que hago con el sistema de ordeñe es que cuando ella se queda sin alimento en un lado y quiera moverse hacia otro, en el camino las porteras inteligentes la capturan y la mandan hacia otro lado. Entonces las vacas aprenden que el único modo que tienen para salir de ahí es pasar por la sala de ordeñe, donde también reciben una dosis de ración". "La vaca decide cuando pasa de una sección a la otra", añadió Fariña.

La racionalización de los alimentos que se le otorgarán al ganado "debe ser muy buena, porque si les doy mucha comida junta, no irán a la sala de ordeñe, y si les doy poca, se quedarán con hambre y producirán poco. Hay que ser muy fino con eso y hay que mirar continuamente en una pantalla lo que está ocurriendo con la producción de las vacas".

Además de disponer de una buena dosis de comida, la vaca deberá permanecer "sin estrés", para que el sistema voluntario se concrete. "Si la vaca está estresada, esto no funciona, se paraliza. Al sacar el arreo, la empujada de las vacas, las personas dejan de ser un elemento de presión. Lo que se nota en este tipo de rodeo es que se sienten dueñas del lugar, no reaccionan al acercamiento humano. En cualquier tambo convencional cuando una persona se acerca es para llevarla a algún lado. En este sistema se ve que la tranquilidad de las vacas es mayor, y que no hay que andar empujándolas, se manejan a su ritmo". Las vacas, "excepto durante la primera parte de la lactancia", "no tienen la necesidad fisiológica de ordeñarse. Van al tambo por el incentivo del alimento". "El incentivo de cualquier animal es buscar la alimentación", resaltó.

El futuro

El movimiento de tierras para la construcción del tambo robotizado del INIA se inició el 10 de enero de 2017. En setiembre, las máquinas de ordeñe, el potrero, las aguadas y el sistema de efluentes quedaron prontos para funcionar, lo que permitió hacer una prueba piloto, con diez vacas, que resultó "muy exitosa".

Durante los últimos días de 2017, las retroexcavadoras se movilizan para dejar la caminería anexa al establecimiento "en perfecto estado". "Las vacas no pueden encontrar ningún impedimento en el camino a la sala de ordeñe", subrayó Fariña.

Las condiciones climáticas extremas que imponen el verano (altas temperaturas y sequías) y el invierno (frío, tormentas y lluvias) en suelo uruguayo "son hostiles" para el desarrollo de la actividad de los tambos. La superación de esos escollos aparece entre los principales desafíos que se planteó este programa de investigación, al igual que lograr "una buena producción, con una alta cantidad de animales".

El pasaje del tambo convencional al robotizado "será muy gradual", "y mientras se generaliza, debemos ver cómo se mejora la calidad de vida de las unidades tradicionales, que seguirán siendo la mayoría". "Si bien estas investigaciones sirven para adelantarnos en el futuro, también debemos procurar mejorar la calidad de vida de los productores de hoy". En ese sentido, Fariña indicó que "la primera deuda pendiente es mejorar las salas de ordeñe, los callejones... La mayoría de los tambos tiene la infraestructura muy deteriorada, y eso afecta a las vacas y a la gente. Los tambos crecieron mucho en cantidad de animales, pero no creció la infraestructura a la misma tasa". "Cuando dejás la misma cantidad de órganos de ordeñe y sumás vacas, crece el tiempo de ordeñe, y esa es la tarea que menos gusta hacer a quienes trabajan en los tambos. Eso, cuando depende de la fuerza voluntaria de trabajo, es muy difícil de sostener, porque hay que estar metido en una fosa angosta, sin ventilación, ordeñando vacas... No es muy atractivo, y nosotros queremos que la gente se arraigue en el lugar", estableció.

Entonces, antes de que llegue la robotización a todos los establecimientos, habrá que transitar por caminos intermedios, con "la adopción de tecnologías, como puertas y balanzas automáticas, puertas selectoras y diseños del sistema que permitan destinar menor tiempo a la actividad rutinaria", dijo Fariña.

"Nadie asegura que la robotización será rentable, porque todavía es caro en relación al sistema convencional", dada la inversión que debe efectuarse en la compra de tecnología. "Pero lo que justifica este sistema es la mejora de la calidad de vida. Nosotros no investigamos para que sea la solución de hoy, pero sí en el futuro; cuando exista el conocimiento suficiente, si nosotros lo generamos, el tambo será robotizado", concluyó el director del programa de Lechería del INIA.

Pastos y concentrados

El ingeniero Alejandro Mendoza encabeza un equipo de investigadores que procura mejorar los rendimientos de los animales, a partir del análisis de diversas formas de alimentación, que pueden dividirse en "manda pastos" o "manda dietas", en función de los componentes que consumen. "Todos los tratamientos que aquí estamos evaluando apuntan a lograr la misma meta: alcanzar los 1.000 kilos de sólidos -grasas y proteínas lácteas por hectárea-; eso es más del doble de lo que hoy logran los tambos de punta en Uruguay. Son metas muy ambiciosas, y se quiere lograr ese objetivo de modos diferentes", señaló. Mendoza explicó que "se comparan dos estrategias de alimentación contrastantes. Por un lado, una en la que la cantidad de pasto que ingresa en la dieta de los animales es la máxima posible. Y otra en la que la cantidad de pasto está acotada al equivalente a un tercio del total de la dieta del año". De esa forma, se logran comparar dos estrategias que dominan la producción lechera uruguaya. En paralelo, "entre esas estrategias, estamos evaluando dos genotipos animales diferentes: el Holando grande, que es el uruguayo clásico, con uno más chico, de ascendencia neozelandesa". Mendoza explicó que el Holando grande "tiene una ascendencia canadiense, estadounidense, holandesa, y es seleccionado para dar mucha leche, comparado con el genotipo neozelandés, que, a priori, es de menor potencial productivo, pero, quizás, en opinión de algunos, más adaptado a sistemas pastoriles, donde debe caminar más". Esa investigación supone cuatro combinaciones, "que son esas dos estrategias de alimentación y dos genotipos animales que vamos a estar evaluando durante tres años más, lo cual implica destinar muchos recursos físicos y el trabajo de mucha gente -trabajadores, investigadores, estudiantes de grado y posgrado-, donde completan su formación, que ayuda a generar nuevos investigadores", explicó.

El instituto

El INIA es dirigido por una junta compuesta por seis integrantes: dos representan al Poder Ejecutivo, por medio del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca; los restantes cuatro son designados por el Ejecutivo, a partir de propuestas que realizan la Asociación Rural del Uruguay y la Federación Rural, así como las Cooperativas Agrarias Federadas, la Comisión Nacional de Fomento Rural y la Federación Uruguaya de Centros Regionales de Experimentación Agrícola. El INIA cuenta con cinco direcciones regionales: La Estanzuela (Colonia), Las Brujas (Canelones), Salto Grande, Tacuarembó y Treinta y Tres. En esas dependencias se ejecutan los Programas Nacionales de Investigación, que están divididos por cadenas de valor (arroz, carne y lana, citrícola, cultivos de secano, forestal, frutícola, hortícola y producción de leche), y por áreas estratégicas (producción familiar, pasturas y forrajes, sustentabilidad ambiental).

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